4 oct. 2017

ADAPTACIÓN AL COLE. Mocos, llantos…¿tiene que ser así?

Esta mañana me siento a escribir a bocajarro. Siento la urgencia de lanzar este mensaje al mundo, a todas las familias que se enfrentan en estos momentos a la ardua tarea de conseguir terminar con la dichosa adaptación al cole y a los maestros y maestras que reciben a los niños en las aulas. Es periodo de adaptación en guarderías, en escuelas infantiles, etc…

La semana pasada escuché a una mujer en la farmacia decir: “¿Qué? ¿Cómo va? ¿Ha empezado? Buenoooo, ya se sabe: ahora dos semanas de mocos y de llantos y luego ya está!”, lo decía con una gran sonrisa. Es normal oír este tipo de comentarios sin tan siquiera darnos cuenta de la magnitud de lo que estamos diciendo.
Y yo me pregunto ¿Tiene que ser así? Es así porque es así: porque es lo normal, lo establecido…

Normalizamos la enfermedad y el sufrimiento de nuestros niños porque no se nos ocurre que pueda ser de otra manera.

Personalmente, mi hijo acaba de empezar su escolarización con tres años, me he sentido engañada y me he enfadado mucho.  Es algo visceral, me hierve la sangre. Hace dos semanas estaba feliz, me dijeron que la adaptación al cole se hacía siguiendo el ritmo de cada niño. ¡¡Qué alivio!! He tenido alguna experiencia anterior verdaderamente traumática con mis otros hijos hoy ya "mayores". Lo que me encuentro el tercer día de clase no tiene nada que ver con lo anunciado. En momentos así me sirve mucho respirar profundamente las veces que haga falta, despojarme de la indignación y volver a observar la situación. Llego rápidamente a la conclusión de que las personas que me transmitieron ese mensaje de seguridad no me han engañado conscientemente y con alevosía, lo hacen pensando que eso es lo que hacen: respetar al niño. Entonces paso de la indignación a la preocupación y como tal, decido ocuparme, en vez de enfrentarme.
Tengo la suerte de haber encontrado una escuela pública que apuesta por el cambio de paradigma, los libros pasaron a la historia, las aulas quedaron huérfanas de las sillas y mesas institucionales (esas verdes en las que todos nos hemos visto obligados a permanecer durante horas)  y se llenaron de cómodos sofás, talleres de carpintería, librerías, cocinas a medida de los más pequeños… la música acompaña a los niños hasta las “aulas” al entrar y al salir (en lugar de la sirena de fábrica que yo recuerdo en mi infancia), ¡¡este año estrenamos una redacción, estudio de televisión y radio!! Los alumnos de primaria ya se han estrenado como entrevistadores y tertulianos…Vamos, otro mundo. ¿Quién se hubiera imaginado hace diez años que algo así era posible en una escuela pública? ¡Lo es! Algunos todavía no lo creen…
Amo la escuela y al equipo de maestros que tan valientemente ha emprendido este camino. No todos lo han emprendido con entusiasmo, algunos lo han hecho con miedo, y especialmente a ellos, ante ellos, hoy, me quito el sombrero. Quien ha emprendido este camino con miedo lo hace desde la valentía de lanzarse a lo desconocido, no debe de ser nada fácil empezar una senda a contracorriente de lo que uno ha hecho toda la vida, creyendo que era lo mejor.
Muchos maestros que llevan muchos años en la profesión están haciendo una gran ejercicio de humildad, para reconocer que durante años no han respetado los procesos madurativos y/o personales de sus alumnos, que les han impuesto conocimientos como quien rellena un pavo para navidad, que huelen mejor las flores del campo que las de la foto del libro de texto, que hemos deteriorado la creatividad innata de cada niño cuando repartíamos la ficha que había que colorear (“la manzana: roja, el tallo: verde, el gusano: amarillo y ¡¡ojo!! Hay que pintar todo hacia el mismo lado para que quede bonito”)… y sin embargo han sido excelentes profesores antes y ahora, porque en todo momento han hecho lo mejor que podían hacer con lo que traían en sus mochilas. Resulta que ahora tenemos tiendas de campaña que pesan dos kilos y se montan en dos minutos, ¿por qué tendríamos que seguir cargando con aquellas tiendas de 10kgs imposibles de montar? Hoy está al alcance de nuestras manos gran cantidad de información a la que antes la gran mayoría de maestros no tenía acceso o que ni siquiera existía.
Tampoco los padres sabían que se podía hacer de otra manera y vamos llegando como podemos, cada uno a su ritmo, algunos entusiasmados y otros asustados. ¡Otros con una mezcla de ambos sentimientos!
Los talleres y cursos de reciclaje profesional o los talleres para familias que dotan de recursos emocionales para vincularse desde otro lugar con los niños brotan como las setas en el otoño, lo tenemos al alcance de la mano.  Sólo hay que tener  la valentía de escuchar algo diferente que probablemente nos va a dejar con más dudas que certezas.

Algunos seguimos pensando que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer… Sin embargo, si somos valientes, las certezas llegan.

Poco a poco las semillas van germinando, y como todos los cambios requieren sus tempos para crecer, para florecer y para dar sus frutos. En este jardín maravillosamente plural, en nuestra escuela, hemos recogido muchos frutos…otras semillas aún aguardan bajo tierra para asomarse a la vida. A los más entusiastas nos toca cultivar la paciencia. A los temerosos, dar un pasito más.
Son tantos los esquemas que ya hemos desmontado en esta escuela, tantas las novedades, que es normal que se nos escapen muchas cosas. El camino se hace al andar… Cuando un problema no se ve como tal no se buscan soluciones.  Yo creo que es un problema MUY SERIO cómo venimos abordando la adaptación al cole en las escuelas de nuestro país (y en mucho otros) y por eso lo señalo, para que cada vez seamos más los que consideremos que otro mundo es posible y que lo establecido no sirve.
Pretender que después de tres días (en los que los niños juegan un rato en el aula y en el patio acompañados por sus papás, sólo dos horas) los niños de tres años (y de cuatro, y de cinco...) tengan que separarse sí o sí de sus padres media hora después de entrar en el aula y sentirse seguros con el/la maestr@ de referencia –al que prácticamente no conocen- no es adaptarse al ritmo de cada niño. Es imponer una norma igual para todos, como cuando queremos que los de ocho años se sepan todos las tablas al mismo tiempo, tengan fluidez en la lectura, o pasen cinco horas sentados en sus sillas escribiendo.  Los niños se adaptan, tienen que sobrevivir al día a día, se resignan y dejan de llorar (pues de nada les sirve). Al ratito (a veces cuestión de dos minutos) de que las familias los dejen berreando y pataleando, se calman y empiezan a escuchar e incluso a participar de la dinámica del aula.

El problema deja de existir, si no lo veo no existe. Los adultos nos calmamos.

Volvemos a pasar por el mal trago día tras día y pasadas un par de semanas, un mes… el niño se va dando cuenta poco a poco que esas personas no son peligrosas, incluso irá cogiendo simpatías, al maestro, a los niños…, empieza a crear nuevos vínculos.

Por fin un día dejará de sufrir e irá contento al colegio y se despedirá con una sonrisa y un beso lanzado al aire, porque a pesar de la tortura a la que ha sido sometido (al abandono por parte de sus padres a pesar de sus gritos de auxilio en manos de un desconocido) somos resilientes.
Eso, la mayoría, otros se enferman (te hablé de este tema aquí) e incluso algunos pediatras acaban aconsejando a los padres que lo escolaricen un año más tarde porque no va a remontar (enferma todas las semanas).
Cuando sobrevivimos de manera resiliente a un trauma “crecemos”, “nos hacemos fuertes”, pero quedamos marcados de manera invisible en nuestro campo emocional.  Cuando acompañamos adultos en su proceso de Biografía Humana (BH) las terapeutas de enelpalco somos testigos del dolor emocional que nos acompaña desde nuestras más tiernas infancias. Tenemos en nuestras manos la prueba de la huella que las heridas emocionales dejan en nuestro ser y la evidencia de cuánto todas esas experiencias determinan nuestra manera de salir al mundo, nuestra manera de ser hoy, nuestras dificultades.

Volvamos a la pregunta que nos ocupa: ¿se puede hacer una adaptación diferente en las escuelas públicas? ¡¡SÍ, SE PUEDE!! 

Te dejo un artículo de Verónica Antón, psicóloga y parte del equipo educativo de la escuela pública Congrés-Indians, en Barcelona.  No se puede explicar mejor cómo no sólo es posible, si no que además, Verónica nos muestra como beneficia al niño, a las familias y ¡¡a los maestros!!! Nos beneficia a todos.
¡No dejes de leerlo! Si sales con un nudo en el estómago cada vez que dejas a tu niño llorando, si te deshaces en lágrimas, si te molesta que tu hijo no sea tan independiente como siempre ha sido, si eres un/a maestra sensible con este tema y no sabes cómo implementarlo, si tu niñ@está llen@ de mocos de un día para otro, incluso si crees que no es tu caso porque no podrías de ninguna de las maneras quedarte más tiempo porque tu trabajo te lo impide, si eres maestro y te molestan los padres en el aula… ¡¡También te interesa!!!  Puedo asegurarte sin temor a equivocarme que TODOS los niños salen ganando, tengan las circunstancias familiares que tengan y sus padres y maestros ganan con ellos.
Si después de leer el artículo de Verónica te surgen “peros” no dejes de escribirme, plantea tus dudas y estaré encantada de responderte e intercambiar miradas al respecto.
Si te convence, no dejes de compartirlo!!

¿Qué podemos hacer para cambiar las cosas? El primer paso es tomar conciencia

Después se pueden hacer muchas cosas en lo concreto. Permitirte defender tu derecho y el de tu hij@ a no quedarse en esas condiciones (¡¡la educación infantil ni siquiera es obligatoria!!), comentarlo con otras familias, gritarlo a los cuatro vientos, compartirlo con los equipos directivos de los coles, buscar soluciones creativas juntos (siempre es mejor que hacerlo desde la lucha o la imposición de nuestro punto de vista).  Compártelo con las APIMAS, con los pediatras, ¡¡con todo el mundo!!! Tus hijos y todos los niños que le acompañan y los que vendrán detrás te lo agradecerán.

Cuantas más personas VEAMOS el problema: "el trauma innecesario de una adaptación al cole forzada", antes, y mejor, llegaremos a ponerle remedio.

Andrea Custodio, Psicóloga y Terapeuta en Biografía Humana enelpalco.