10 may. 2010

Poner límites o informar de los límites

Con frecuencia oímos decir que los padres y las madres
tenemos que saber poner límites a nuestr@s hij@s; que
tenemos que aprender cuándo, cómo y por qué debemos
hacerlo.
Este sin duda es uno de los dilemas más peliagudos con el
que nos encontramos todas y todos los que queremos criar y
socializar a las criaturas que hemos parido para que sean
felices, y no para que le rindan servidumbre a nadie; y con
el deseo y la firme voluntad de ser amantes complacientes y
no dictadores o dictadoras autoritarias.
Françoise Dolto analiza el trato habitual que las madres y
padres dan a sus criaturas cuando empiezan a ser autónomas,
y que, salvo excepciones, consiste en darles órdenes sobre
todos los aspectos de su vida cotidiana
En esta actitud adulta hay dos aspectos importantes:
·la subestimación de las capacidades (intelectuales,
motrices, etc.) de las criaturas.
·la prepotencia adulta, tenemos inconscientemente interiorizado que
estamos por encima de ellas, que somos sus superiores y
ellas son nuestras subordinadas.
L@s adult@s que han entrado sin darse cuenta en esta
dinámica, aunque a menudo se encuentren en medio de una
gran contradicción entre su deseo de complacencia y las
obligaciones de la vida cotidiana, no ven manera de
resolverla más que por la vía autoritaria. Ciertamente
resulta difícil desactivar el mecanismo de esta vía, puesto
que la propia dinámica autoritaria, al impedir el proceso
de autonomización y de aprendizaje, genera su propia
autojustificación.
En cualquier caso, en mi opinión, siempre es posible
mantener el amor complaciente después de la etapa primal.
Porque el amor complaciente es un hecho totalmente
independiente de los límites que haya, por muy desgraciados
que éstos sean. Son dos cuestiones de diferente condición.
Es algo muy simple; se trata de que, ante cualquier límite
que se oponga a los deseos de nuestra criatura, nos
situemos incondicionalmente del lado de sus deseos; y en
lugar de considerarlos meros caprichos improcedentes, los
analicemos honesta y sinceramente con ella, junto con todos
los factores que intervienen en la situación, para después
tomar una decisión conjuntamente.
Ante la evidencia del deseo de complacencia, la criatura no
identificará límites y falta de amor, como en cambio
sucedería si directamente le damos órdenes como si fuéramos
las promotoras de los límites.
Y así la criatura podrá seguir creciendo en el entorno de
empatía y amor incondicional que necesita para el
desarrollo de su propia capacidad de amar.
Porque aunque tenga que someterse a los límites y a la
ordenación social, la criatura se sentirá amada
incondicionalmente.
Si hubiera que resumir esta actitud en una palabra, ésta
sería COMPLICIDAD.
Casilda Rodrigañez Bustos