16 jul. 2011

BAUBO, LA DIOSA DE LA RISA CURATIVA

Hay una parte de la mente subconsciente femenina donde aparecen unas antiguas diosas muy peculiares, que utilizaban su sexualidad y su sensualidad para conseguir algún objetivo, aliviar una pena o provocar la risa, y , por este medio, enderezar algo que se había torcido en la psique. Es importante para la mujer su naturaleza sensorial. Esta naturaleza reacciona a los estímulos sensoriales: la música, el movimiento, la comida, la bebida, la paz, el silencio, la belleza, la oscuridad. La conciencia sensorial incluye la sexualidad, aunque no se limita a ella. 
BAUBO : La diosa del vientre

Baubo era una diosa de la antigua Grecia, la diosa de la obscenidad sagrada. Es una de las más seductoras y pícaras divinidades del Olimpo.
Deméter, la madre tierra, tenía una hermosa hija, Perséfone, que un día fue raptada por Hades, el dios de Ultratumba. Hades la condujo al interior de la tierra. Deméter oyó los gritos de su hija pero no pudo encontrarla, pese a buscarla durante varios meses. Estaba furiosa, gritaba, preguntaba, buscaba en todos los parajes, suplicaba compasión pero no conseguía encontrarla.
Así pues, ella, la que lo hacía crecer todo eternamente, maldijo todas las tierras fértiles del mundo, y no hubo trigo para amasar el pan, ni ningún niño pudo nacer, ni hubo flores para las fiestas, ni ramas para los muertos. Todo estaba marchito y consumido en la tierra reseca y los pechos secos.
Un día se le apareció una mujer, una especie de mujer, bailando, agitando las caderas como si estuviera en pleno acto sexual. La bailarina era francamente prodigiosa, pues no tenía cabeza, sus pezones eran los ojos y su vulva era su boca. Con aquella boca empezó a contarle historias muy graciosas. Deméter sonrió, luego rió, y finalmente estalló en una sonora carcajada. Ambas mujeres, Baubo, la pequeña diosa del vientre, y Deméter, la Madre Tierra se rieron juntas como locas.
Y aquella risa sacó a Deméter de su depresión y le infundió la energía necesaria para reanudar la búsqueda y, con la ayuda de Baubo, de la vieja bruja Hécate y del sol Helios, consiguió finalmente su objetivo. Perséfone fue devuelta a su madre. El mundo, la tierra y los vientres de las mujeres volvieron a crecer.

La risa del vientre es una de las mejores medicinas que pueda tener una mujer.
Desde siempre las mujeres han necesitado vivir de vez en cuando en una atmósfera exclusivamente femenina, ellas solas o con otras mujeres. Es un ciclo  femenino natural. Antiguamente había rituales que se centraban en conversaciones del vientre y en el que las mujeres hablan desde sus entrañas, dicen la verdad, se ríen como locas, se sienten más reconfortadas y, cuando vuelven a casa, todo marcha mejor.


Mujeres que corren con lobos. Clarissa Pinkola.

 
LA RISA CURATIVA


La risa curativa alivia la tensión y es una manifestación de alegría e hilaridad. El humor picante es un humor pleno y jocoso que también es un comentario sexual y desenfadado sobre la naturaleza, los apetitos y las flaquezas humanas. En su aspecto más reconfortante, en la medida en que el humor puede ser reconfortante, podría decirse que desprende un halo de bienestar. En la risa compartida, además, se percibe que la vulnerabilidad y la fuerza es algo común a todas las mujeres, las cuales, al hacer comentarios procaces o reaccionar ante ellos con la risa, reconocen su sexualidad y su experiencia sexual, y también revelan las vanidades, los hábitos o las tendencias sexuales de los hombres, que es precisamente lo que ellos más temen.
Puede parecer forzado hablar de Baubo como un arquetipo de sabiduría, pero lo es. Su sabiduría sólo saben apreciarla las mujeres porque proviene de las numerosas experiencias corporales, faltas de elegancia pero profundamente importantes, que vivimos desde los inicios de la menstruación hasta la menopausia, pasando por los embarazos. Al reír o bromear sobre lo que experimentan las mujeres biológicamente, podemos tener la misma picardía que Baubo. Compartir todas estas vivencias hace que hablemos con mayor sensibilidad y seriedad de las experiencias sexuales, los abortos naturales o provocados, la infertilidad y la pérdida. Al contarlo todo, metafóricamente nos levantamos las faldas y revelamos nuestras partes bajas y vulnerables y la fuente de nuestra fuerza. Las historias de todas las mujeres se convierten en el espejo donde contemplarnos, y donde contemplar también nuestra fortaleza. Al compartir el dolor y la risa, pasamos por estados transitorios y experimentamos el poder curativo del humor hasta llegar a la conclusión, por pura sensatez, de que “así es la vida”.

 
Las diosas de la mujer madura. Jean Shinoda.