26 abr. 2012

Los miedos

Para que a un niño le suceda algo horrible en la calle, es indispensable la entrega sutil de sus propios padres.

Cuando nos horrorizamos por las noticias de actualidad en las que hay niños o jóvenes víctimas de violencia, solemos buscar con espanto al adulto culpable. Por supuesto que hay hechos inadmisibles. En eso estamos todos de acuerdo. Pero más difícil es reconocer que para que a un niño le suceda algo horrible en la calle, es indispensable la entrega sutil de sus propios padres.
¿Qué significa? Para comprender cómo funciona la entrega, tendremos que “rebobinar” la película de la vida de ese niño, la de su madre y la de su padre, la de sus abuelos, la de toda la trama familiar… y reconocer un encadenamiento de violencias visibles e invisibles, mentiras, abandono emocional, rechazo, distancia y experiencias traumáticas, que, desde el punto de vista del alma infantil, son difíciles de superar.
Pero, suponiendo que no queremos ahondar tanto, al menos tendremos que enfocarnos en el niño en cuestión y en su entorno más inmediato. Para ello, tenemos que abordar como mínimo la infancia de la madre y sus propias experiencias infantiles. Con algo de entrenamiento, detectaremos niveles de desamparo enormes y la acumulación de unas cuantas estrategias con las que esa niña logró sobrevivir. Si hemos sido esa niña, en algún momento hemos devenido mujer y después madre, acostumbradas a vivir en un territorio hostil.
Si vivimos peleando o quejándonos, ¿qué pasa con nuestro hijo? Queda descuidado. Queda solo. Está en peligro. Mendiga amor… y, buscando amor, encuentra a sus depredadores.
¿Qué hacemos las madres? No escuchamos aquello que intentan decir los niños, minimizamos sus relatos, miramos para otro lado, negamos ciertas evidencias del padecimiento físico o emocional, descuidamos sus síntomas, aprobamos los castigos que otras personas les infligen… es decir, sostenemos, permitimos y avalamos diversos tipos de violencia sobre nuestros hijos.
Probablemente muchos de nosotros nos preguntemos: ¿será tan así? ¿No es exagerado? Si fuera un invento, no estarían ocurriendo tantas desgracias en las calles.

Laura Gutman