21 abr. 2012

El drama del niño dotado de Alice Miller

Todo, salvo la verdad
La experiencia nos enseña que, en la lucha contra las enfermedades psíquicas, únicamente disponemos, a la larga, de una sola arma: encontrar emocionalmente la verdad de la historia única y singular de nuestra infancia. ¿Podremos liberarnos algún día totalmente de ilusiones? Toda vida está llena de ellas, sin duda porque la verdad resultaría, a menudo, intolerable. Y, no obstante, la verdad nos es tan imprescindible que pagamos su pérdida con penosas enfermedades. De ahí que, a través de un largo proceso, intentemos descubrir nuestra verdad personal que, antes de obsequiarnos con un nuevo espacio de libertad, siempre nos hace daño, a no ser que nos conformemos con un conocimiento intelectual. Aunque en ese caso seguiríamos aferrándonos al ámbito de la ilusión. No podemos cambiar en absoluto nuestro pasado ni anular los daños que nos hicieron en nuestra infancia. Pero nosotros  sí podemos cambiar, «repararnos», recuperar nuestra identidad perdida. Y podemos hacerlo en la medida en que decidamos observar más de cerca el saber almacenado en nuestro cuerpo sobre lo ocurrido en el pasado y aproximarlo a nuestra conciencia. Esta vía es, sin duda,incómoda, pero es la única que nos ofrece la posibilidad de abandonar por fin la cárcel invisible, y sinembargo tan cruel, de la infancia, y dejar de ser víctimas inconscientes del pasado para convertirnos en seres           responsables                 que                         conozcan                        su                     historia         y                vivan       con ella.
La mayoría de la gente hace justo lo contrario. No quieren saber nada de su propia historia, y, por consiguiente, tampoco saben que, en el fondo, se hallan constantemente determinados por ella, porque siguen viviendo en una situación infantil no resuelta y reprimida. No saben que temen   y   evitan  peligros que en algún momento fueron reales, pero dejaron de existir hace tiempo. Son personas que actúan impulsadas tanto por recuerdos inconscientes como por sentimientos y necesidades reprimidas que, a menudo y mientras permanezcan inconscientes e inexplicadas, determinarán de forma pervertida casi todo lo que hagan o dejen de hacer. La represión de los brutales abusos y malos tratos padecidos en otros tiempos induce, por ejemplo, a mucha gente a destruir la vida de otros y también la propia.  Una mujer que haya sufrido abusos sexuales en su infancia, que reniegue de esa realidad infantil  y  haya aprendido a no sentir dolor, huirá continuamente de lo ya ocurrido recurriendo a los hombres, al alcohol, las drogas o  a  una           actividad                         compulsiva.                        Necesita            siempre                         el                 «pinchazo»                     para                no                   dejar                  aflorar                         el                 «aburrimiento»          ni                   dar                paso al sosiego en el que sentiría la sofocante soledad de la realidad de su infancia, pues teme este sentimiento más que a la propia muerte, a no ser que haya tenido  la  suerte de saber que  revivir  y  tomar conciencia                 de                       los                    sentimientos                 infantiles                no         mata,                sino                     libera.                   L o                  que,                     en               cambio,              sí              mata                  a                  menudo                    es                  el               rechazo       de      los      sentimientos,    cuya     vivencia           consciente      podría     revelernos        la         verdad.     La represión del sufrimiento infantil no sólo determina la vida del individuo, sino también los  tabúes      de     la      sociedad.

Estracto del libro de Alice Miller "El drama del niño dotado y la búsqueda del verdadero yo"