31 ago. 2012

Nuestras infancias “felices”

Afirmar que tuvimos una infancia feliz, no es complicado. Durante nuestra niñez, nuestra madre y todos los adultos de nuestra familia han dicho que éramos una familia feliz, por lo tanto, tener “esos recuerdos” es muy sencillo. Habitualmente no tienen nada que ver con las vivencias internas y olvidadas del niño que hemos sido. ¿Entonces? ¿Acaso tuvimos una vida que no recordamos? ¿A quienes tenemos que creer? Esa es una buena pregunta. En verdad, no deberíamos creer en nadie más que en nosotros mismos. El problema es que vivimos engañados. O dicho de otro modo: nuestra organización psíquica logró sobrevivir al desamparo tomando como cierto aquello que nuestra madre ha dicho en aquel entonces. Esa “construcción de la realidad circundante” encajaba dentro del sistema de creencias y valores de nuestra madre. Cuando fuimos niños, hemos tomado como única verdad esa lente, para organizar la visión del universo que nos rodeaba. En cualquier caso, nuestra infancia ha sido mucho más carente -en términos de satisfacción de necesidades básicas afectivas- de lo que imaginamos. Por eso es imprescindible que -si deseamos comprendernos- tengamos acceso a aquello que hemos vivenciado desde el nacimiento y luego durante toda la infancia, para comprender qué hicimos a favor de nuestra supervivencia emocional -pero tal vez en detrimento de los demás-. Sólo entonces podremos ser responsables –en la actualidad- respecto a aquello que generamos, sabiendo que no hay nada que nos acontezca que no nos pertenezca. Para abordar “eso que nos pasó” y luego “eso que hicimos a partir de lo que nos pasó” he desarrollado una metodología de indagación que denomino “Construcción de la biografía humana”. La considero muy buena, eficaz, corta, puntual y solidaria. No es la única ni la mejor. Pero sé que funciona en la gran mayoría de los casos, ya que observamos desde el punto de vista del niño que hemos sido y del niño que aún vive en nuestro interior. Esto permite compadecernos, compadecer a los demás y luego, buscar siempre el modo de resarcirnos a través del amor. Estoy segura que contactando con las heridas que hemos sufrido durante nuestra niñez, podremos luego recuperar ese amor infinito con el que ingresamos al mundo. Y a partir de ese renacimiento, amar al prójimo espontáneamente.
Laura Gutman.

Extracto del libro “Amor o dominación: los estragos del Patriarcado”.