21 mar. 2013

Peleas entre hermanos y polaridad

Desde que empezamos a percibirnos como un ente separado  de los demás, hacia los dos años, dejamos atrás la unidad y nos guiamos a través de la polaridad: entendemos la luz porque hay oscuridad, el bien porque existe el mal, la salud por la enfermedad, la verdad por la mentira, y un largo etcétera en todas las cosas. La conciencia humana escinde todo en parejas de contrarios que nos plantean un conflicto porque nos obligan a diferenciar y a decidir. Se dice a una cosa y, al mismo tiempo, no a su contrario, ya que los contrarios se excluyen mutuamente. Pero con cada no, con cada exclusión, mandamos la parte rechazada a nuestro inconsciente que, lejos de desaparecer, desde allí puja por salir a la luz y ser integrada.
Cuando tratamos de alimentar uno de los polos, el polo opuesto crece en la misma proporción, sin que nosotros nos demos cuenta.
Debemos aprender a ver simultáneamente el polo opuesto. Nuestra mirada interior tiene que oscilar constantemente, para que podamos salir de la unilateralidad y adquirir la visión de conjunto.

Nuestra propia polarización la proyectamos en los demás, ya sea la pareja, los compañeros de trabajo, los hijos....

Cuanto más nos moleste algo en los demás, más polarización habrá en ellos. Necesitaremos cerca gente que sea incompetente si nosotros valoramos mucho nuestra eficacia, habrá muchos malos en nuestra vida si nosotros nos creemos muy buenos,...

También en nuestros propios hijos polarizamos desde que nacen: está el hijo bueno versus el hijo malo, el inteligente y el tonto, el que se porta bien y el que se porta mal...
Si no trabajamos sobre nuestros aspectos ocultos los hijos quedan atrapados en el torbellino de nuestras sombras proyectadas.
Para desarrollar la hermandad (y a partir de allí, la solidaridad y el altruismo), los padres debemos no proyectar en forma polar. Los padres somos responsables de ubicar a uno en la luz y a otro en la sombra, desde donde se sentirán muy diferentes y distantes. Lucharán como enemigos. Las peleas entre hermanos son generadas por la polarización proyectada de la sombra de la madre, consensuada por el padre y perpetuada a lo largo de toda la infancia.

Si nos hacemos cargo, poco a poco, de nuestra sombra, integrándola suavemente a partir de cada pequeña crisis cotidiana, no habrá guerras en el hogar ni en nuestro mundo.

Sólo es necesario ser capaz de cuestionarse a sí mismo, pararse sobre el propio eje.

Montse Mulet

Bibliografia: Puerperios - Laura Gutman
                     La enfermedad como camino - T.Dethlefsen y R.Dahlke