4 feb. 2014

“Si soy una madre consciente, no hay nada más libre que criar un hijo”

Le dicen la “gurú de la maternidad”, pero asegura que esa definición no la representa. No le gusta. Sin embargo, reniega menos de lo que podría: Laura Gutman sabe y es consciente de que sus palabras son apropiadas por mujeres que buscan, si todavía no lo lograron, resignificar el rol maternante en la crianza de los hijos.

Autodefinida feminista, con una historia de militancia y exilio en los 70 y tres esposos en su haber, Gutman afirma que la maternidad “es el mayor acto de libertad de las mujeres”, siempre y cuando ellas puedan conectarse con “sus sombras” de la infancia y no actualizar los niveles de desamparo a los que –de niñas- fueron sometidas. Para eso, fundó un sistema terapéutico –la “Biografía Humana”- en el que basó su último libro, el décimo, el que vino a presentar en el ciclo Verano Planeta.


-En síntesis, ¿Qué supone el sistema terapéutico de la biografía humana?
-En primer lugar, se requiere un profesional entrenado para investigar –a partir de algunos relatos del individuo que consulta- para obtener una mirada real y lo más completa posible de la trama de esa vida. Abordar la infancia desde el punto de vista del niño que ese individuo ha sido es fundamental. Luego revisar qué es lo que ha hecho ese individuo con eso que le pasó.

-En ese sistema, la presencia maternante -sí o sí femenina- cobra un rol de extremo protagonismo. ¿Por qué?
-Sí, claro. Porque somos mamíferos. Es decir, nacemos del vientre de una madre y dependemos de los cuidados maternantes. Por lo tanto, la constitución psíquica y física de toda la infancia, va a estar signado por lo que la madre (o la figura maternante) haya podido –o no haya podido- hacer.

-Aunque el feminismo -en tanto término genérico- contienen distintas cosmovisiones de la mujer, hay un feminismo -bastante masivo por cierto- que sostiene que la maternidad recorta espacios de libertad a la mujer. Vos te declarás feminista de primera hora, pero sostenes que la “mayor libertad de las mujeres es la maternidad y no la píldora”…
-Las feministas sostenemos algo obvio, y es que el patriarcado ha usado el sometimiento de las mujeres y de los niños para obtener poder. Las mujeres en ese esquema hemos sido solo un vientre para albergar a los futuros herederos. Por eso, maternidad y encierro han sido casi sinónimos.
Sin embargo, la “liberación” no aparece con el hecho de no tener hijos. El deseo de engendrar es misterioso y aparece ligado al orgasmo. El tema es que hoy las mujeres modernas busquemos maneras amorosas y sobre todo conectadas con nuestro ser esencial, para criar y amar a los hijos.
Ahora….la libertad no es hacer lo que tengo ganas. Eso es reacción infantil. La libertad es seguir el propio destino. Con hijos o sin hijos. Pero si soy mujer y decidí criar hijos, el desafío es amarlos.

-Cuando hablas de maternidad como espacio de libertad ¿Lo haces en líneas generales o en relación a la maternidad de la clase media profesional?
-La “libertad”, insisto, no es hacer lo que quiero. Por lo tanto no tiene nada que ver con la situación socioeconómica. Es un tema de conciencia. Si soy una madre consciente, no hay nada más amoroso, abierto, pleno y por lo tanto libre, que criar, amar y vincularme con un hijo.

-¿Cómo se refleja esa idea de maternidad como espacio de libertad entre las mujeres estructuralmente pobres?
-Amar no es un tema de riqueza o pobreza. Por supuesto, si no tengo para comer, es obvio que mi prioridad es la comida y no el amor. Pasa que esta pregunta esconde otra que vos no planteas pero yo la voy a enunciar: “si una madre tiene que trabajar para sobrevivir, ¿cómo hace para ocuparse de los hijos?”. Bueno, una vez más, el problema no es ir a trabajar. El problema ni siquiera son todas las dificultades concretas que tenemos.
El único problema es la infancia de la cual provenimos: la soledad, el desamparo, la crueldad, el abuso, las mentiras, la intolerancia, el desarraigo emocional o la distancia afectiva que hemos vivido durante nuestras infancias. Si no hemos sido amadas, hoy no sabemos ni tenemos entrenamiento para amar a otros.
Luego, la pobreza o el trabajo o las preocupaciones funcionan como refugios perfectos para no confrontar con la realidad: tenemos un hijo desesperado de amor por un lado, y tenemos muchas excusas por el otro.

-Me dio la sensación de que pones a las mujeres, en tanto “presencias maternantes”, en el centro de lo social. Por momentos, parecería que de nosotras depende la calidad de vida de lo social, porque en teoría aprendemos a mirar el mundo desde el lente y discurso materno. Ahora también planteas que al haber sufrido ese desamparo, las madres cargan con cierta discapacidad emocional y muy posiblemente repliquen esas lógicas de desamparo. ¿De qué depende poder asumir un rol maternante que haga a un lado el desamparo y que, por ende, rompa la racha de la posterior discapacidad emocional al momento de criar hijos?
-Depende de la intención, la firma intención de revisar nuestros escenarios infantiles -en primer lugar- y luego decidir hacer algo diferente con todo eso que comprendimos, a favor del prójimo.

-¿A todo esto, dónde quedó el hombre? Casi que no lo encontré mencionado en tus textos…
-Sostengo que las mujeres necesitamos y merecemos una tribu entera que nos ampare y nos cuide, para estar en condiciones de amparar y criar un niño. La soledad y el aislamiento son grandes depredadores de las madres con niños pequeños. Justamente, los hombres son parte de esa tribu. Necesitamos hombres que también revisen sus propias historias para luego estar en condiciones de ofrecer su propia madurez emocional al prójimo. En ese sentido, si todos los hombres y todas las mujeres que no están en etapa de criar niños, estuviésemos disponibles afectivamente para sostener a una madre necesitada, el mundo rodaría con otra música.

-¿Existe el instinto materno?
-Sí, por supuesto. Desde ya. Es propio de todas las especies de mamíferos. Pero ojo. “Desear un hijo” no es instinto materno. Eso es otra cosa. Eso es cultural. El instinto materno solo puede aparecer una vez que el niño ha nacido. Por eso es “instintivo”.
Ahora bien, ahí tenemos que abordar otro problema que es la masificación de los partos. Si seguimos pariendo en hospitales, entre personas desconocidas y con partos conducidos, el instinto materno no puede aparecer. De hecho, no aparece en ninguna otra especie de mamíferos cuando paren en cautiverio (en los zoológicos). La naturaleza es sabia. Los tontos somos los seres humanos.

Entrevista a Laura Gutman.